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🟪#Violencia| EL ACOSO JAMÁS PUEDE SER JUSTIFICADO: SHEINBAUM ANTES QUE SER PRESIDENTA, ES UNA MUJER

🔹️El acoso a la presidenta de México es un acto que refleja la violencia cotidiana que vivimos las mujeres en este país. Es un hecho lamentable que no debe normalizarse ni aprovecharse para denigrar su imagen o deshumanizarla.

🟪#Violencia| EL ACOSO JAMÁS PUEDE SER JUSTIFICADO: SHEINBAUM ANTES QUE SER PRESIDENTA, ES UNA MUJER

🔹️No es un tema para distraer, es un asunto relevante, no solo la agresión en sí, sino la indiferencia de muchos, la burla o la minimización del hecho, como si fuera parte del costo de ser figura pública o, peor aún, de ser mujer.

Por: María Martínez
Ciudad de México, a 5 de Noviembre,2025

Hay hechos que no deberían suceder nunca, y menos en un país donde ser mujer ya es una condición de riesgo. Lo ocurrido con la presidenta Claudia Sheinbaum, víctima de acoso mientras caminaba por el Zócalo capitalino, me provoca una profunda indignación y una tristeza que compartimos miles de mujeres. Porque el acoso no distingue cargos, edades ni circunstancias, y cuando se denuncia, lo que sigue suele ser aún más doloroso: la revictimización, la indiferencia y la impunidad.

Como mujeres sabemos lo que significa ese miedo repentino, esa invasión al cuerpo y al espacio, esa mezcla de rabia y vergüenza que nos deja sin aliento. Lo sabemos porque lo hemos vivido. Por eso este hecho no debe pasar desapercibido ni convertirse en motivo de burla o disputa política.

Durante su conferencia matutina de este día, la presidenta de México relató el lamentable incidente del martes, cuando decidió caminar desde Palacio Nacional hacia la Secretaría de Educación Pública. En el trayecto, mientras saludaba a la gente, un hombre en aparente estado de ebriedad se le acercó de manera inapropiada.

“Se acercó esta persona totalmente alcoholizada. En ese momento estaba hablando con otras personas; me doy cuenta de inmediato, llega Juan José, quien coordina el equipo de ayudantía, lo mueve y lo aparta.”

Más tarde, al ver los videos del momento, Sheinbaum comprendió lo ocurrido y decidió presentar una denuncia.

“Decidí levantar la denuncia porque esto lo viví como mujer, y lo vivimos todas las mujeres en nuestro país. Lo he vivido antes, cuando no era presidenta, cuando era estudiante, cuando era joven. Si esto le hacen a la presidenta, ¿qué va a pasar con las demás mujeres?”

La denuncia fue presentada ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, al tratarse de un delito del fuero común.

El acoso es justo el temor que vivimos miles de mujeres, y al denunciar somos muchas veces revictimizadas: por el tortuguismo institucional, la falta de empatía en los ministerios públicos y las leyes ambiguas que, lejos de protegernos, nos exponen.

Nos someten a pruebas psicológicas, a interrogatorios que ponen en duda nuestra palabra, como si la víctima tuviera que demostrar que no miente. Y muchas veces, enfrentamos todo eso solas, con el testimonio mudo de los muros de una casa, una oficina o una calle vacía.

Por eso, como mujer, me solidarizo con la presidenta Sheinbaum. Nadie debe callar ante el acoso ni ante la violencia. La agresión a una mujer no puede normalizarse ni usarse como herramienta de desprestigio.

Es cierto: como presidenta, Sheinbaum está expuesta a la crítica pública. Pero nada justifica un acto de violencia, y mucho menos que se aproveche para denigrar su imagen o deshumanizarla. Este hecho no solo es reprobable, sino que debe llamarnos a reflexionar sobre lo que permitimos y toleramos como sociedad.

También evidencia una vulnerabilidad preocupante en su seguridad. Ella es una mujer cercana, sencilla, que busca contacto con la gente, pero deben existir protocolos que prevean posibles agresiones. Su seguridad importa porque representa al Estado mexicano. Si algo afectara su integridad, las consecuencias serían graves para el país entero.

El problema más profundo, sin embargo, sigue siendo la impunidad. La normalización de la violencia contra las mujeres continúa cobrando vidas y silencios. Cada día, mexicanas son asesinadas, desaparecidas o viven con miedo. Otras permanecen en pie, pero emocionalmente rotas, atrapadas entre la desconfianza y el dolor.

No se trata de distraer la atención de otros temas, sino de exigir políticas reales de protección, de demandar que las autoridades actúen con pulcritud, sensibilidad y justicia. No pedimos privilegios; pedimos garantías para vivir sin miedo.

No se puede, ni se debe, ser indiferente ante el dolor.

El acoso no tiene matices ni justificaciones. Ninguna mujer, sin importar su posición social, política o laboral, debe ser objeto de agresiones físicas o verbales. Lo que vivió la presidenta no es un asunto menor: es una muestra más de la vulnerabilidad a la que estamos expuestas todas las mujeres, incluso aquellas que ostentan el más alto cargo del país.

Resulta doloroso constatar que en pleno siglo XXI aún tengamos que explicar por qué un acto de acoso es inadmisible. Lo verdaderamente grave no solo es la agresión en sí, sino la indiferencia de muchos, la burla o la minimización del hecho, como si fuera parte del costo de ser figura pública o, peor aún, de ser mujer.

No se trata de colores ni de filias políticas. Se trata de humanidad, de respeto, de reconocer que antes que presidenta, Sheinbaum es mujer, y que ninguna mujer debe ser violentada bajo ningún pretexto.

Mi solidaridad es con ella, pero también con cada mujer que ha sido acosada, que ha tenido miedo, que ha sido juzgada por denunciar o que ha tenido que callar por temor a no ser creída.

Como, y sé lo que duele cargar con el silencio, la rabia y la impotencia.

Hoy, más que nunca, debemos alzar la voz y recordarlo con claridad:
El acoso jamás puede ser justificado. No hay poder, cargo ni circunstancia que lo vuelva aceptable.

Cierro esta columna con el corazón encendido de indignación, porque yo también he sido violentada, y sé lo que significa cargar con el miedo, el silencio y la impotencia.

Como periodista, he sido crítica de algunas acciones de la presidenta Sheinbaum; pero como mujer, no puedo ser indiferente ante este hecho reprobable que atenta su dignidad, admiro su temple, su fortaleza y su compromiso con el bienestar de las mujeres de México.

Su denuncia no es solo un acto personal. Es un mensaje poderoso: ninguna mujer, sin importar quién sea, debe quedarse callada ante la violencia.

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