🛑#DeInterés| EXTORSIONES EN DOS TIEMPOS
«Cuando el pasado toca la puerta del presente»

Por: Carlos Gutiérrez
Aguascalientes,Ags.a 24 de Julio, 2025
El cobro de piso, esa extorsión sistemática que desangra a comerciantes y empresarios en muchas regiones del país, no es ajeno a Aguascalientes.
Quienes tienen memoria recordarán que en 2006, durante el gobierno de Luis Armando Reynoso Femat, comenzó a incubarse un fenómeno que, hasta entonces, parecía ajeno a una entidad acostumbrada a vivir en relativa paz.
Fue en aquellos años cuando el cártel de Los Zetas, entonces en plena expansión, se afianzó en Zacatecas y desde ahí comenzó su silenciosa pero firme incursión en territorio aguascalentense. Primero en los márgenes, luego en los mercados, zonas comerciales, restaurantes, bares y hasta en los tianguis de piratería. Su modus operandi era claro: imponer cuotas, cobrar por “protección” y asesinar sin miramientos a quien se negara a pagar. Aquellos fueron tiempos de miedo real, no imaginado ni inflado.
La situación se tornó insostenible. La sociedad comenzaba a quebrarse y, en medio del desconcierto, el entonces gobernador solicitó apoyo al presidente Felipe Calderón.
Fue en el marco de la llamada “guerra contra el crimen organizado” cuando se impuso a Aguascalientes un perfil distinto al que acostumbraban los gobiernos locales: el general Rolando Eugenio Hidalgo Eddy, un hombre de carácter férreo, llegó para encabezar la Secretaría de Seguridad Pública. Aunque su presencia fue vista como una imposición, terminó por imponerse también en el terreno operativo. Con él comenzó una verdadera limpia.
Más tarde, con el arranque del gobierno priista de Carlos Lozano de la Torre, el nuevo mandatario sumó a la cruzada anticrimen a un procurador de similar perfil: el abogado Felipe de Jesús Muñoz Vázquez.
Entre ambos, general y fiscal, se desarrolló una relación de tensión y competencia, cada uno con sus métodos y su carácter. Pero si algo dejó esa pugna fue una política de fuerza que logró sacar del estado a buena parte de los grupos criminales que habían echado raíces. Por temor a las detenciones, a los operativos implacables o a las consecuencias de seguir operando, muchos optaron por replegarse. Aguascalientes recuperó su espacio.
Hoy, lamentablemente, hay señales que nos recuerdan aquella etapa. El caso del Centro Comercial Agropecuario es el más visible: los intentos de extorsión regresaron, los cobros ilegales volvieron a aparecer y, aunque se intentó enfriar el conflicto, los extorsionadores están presionando de nuevo.
A diferencia de hace unas semanas, ahora parece haber una mejor coordinación entre los tres niveles de gobierno, y eso alienta una leve esperanza. Más de un centenar de cámaras de videovigilancia han sido instaladas en esa zona, y el compromiso hecho por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal, de apoyar las labores contra el crimen organizado en Aguascalientes, abre la posibilidad de que no volvamos a vivir los años más oscuros.
Aguascalientes tiene una oportunidad para corregir el rumbo antes de que la espiral se desborde. La historia nos ha enseñado que cuando se deja avanzar al crimen, el costo no sólo es económico: es social, humano, moral. La firmeza no es un capricho, es una necesidad.


