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🔴#IMPORTANTE| LAS CÁRCELES SON CENTROS DE OPERACIÓN DEL CRIMEN, DESDE AHÍ SE MATA Y SE EXTORSIONA: LA DURA REVELACIÓN DE HARFUCH

🔹️La admisión del secretario de Seguridad confirma lo que durante años fue negado: desde los penales se extorsiona, se asesina y se fortalecen alianzas criminales.

🔴#IMPORTANTE| LAS CÁRCELES SON CENTROS DE OPERACIÓN DEL CRIMEN, DESDE AHÍ SE MATA Y SE EXTORSIONA: LA DURA REVELACIÓN DE HARFUCH

🔹️ Reconocimiento de Harfuch del colapso del sistema penitenciario mexicano, de ninguna manera se puede considerar debilidad; Al contrario, es un acto de valentía y firmeza para dar el primer y atender el problema desde la raíz.

Por; María Martínez
Ciudad de México, a 22 de Enero, 2026

Durante años fue un secreto a voces. Hoy, por fin, una autoridad federal lo dijo sin rodeos: desde las cárceles, los criminales continúan delinquiendo.

“Todas estas personas, como bien saben, lamentablemente dentro de las prisiones muchas veces generan alianzas entre otros grupos y, lamentablemente, en varios lugares donde están recluidos, tienen la oportunidad de continuar delinquiendo”.
Las palabras no son menores. Son las duras revelaciones expresadas por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana.

La reciente entrega de 90 presos al gobierno de los Estados Unidos —explicó Harfuch— tiene un objetivo claro: evitar que desde los penales se sigan cometiendo extorsiones, homicidios y que continúen fortaleciéndose alianzas criminales que operan desde el encierro. No se trata de una concesión política, sino de una medida para proteger a ciudadanos mexicanos.

El funcionario fue enfático: “Eso es lo que estamos haciendo”. Pero aclaró que esta acción no camina sola. Paralelamente, se realizan revisiones aleatorias diarias con personal de la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y autoridades de seguridad, tanto en penales federales como en muchos centros penitenciarios locales.

La estrategia opera por dos vías simultáneas: el traslado de criminales de alto impacto y el fortalecimiento real del control penitenciario. Desde el bloqueo de antenas y señales de comunicación, hasta el retiro completo de infraestructura ilegal. El caso de Altamira, Tamaulipas, es ilustrativo: una antena daba señal directa a un penal desde donde se realizaban extorsiones telefónicas.

Las afirmaciones de Harfuch no solo desmontaron las especulaciones en torno a la entrega de criminales mexicanos a Estados Unidos. También colocaron en el centro del debate un problema estructural del que mucho se hablaba, pero que ninguna autoridad se había atrevido a reconocer públicamente.

Hablar de penales donde criminales se organizan, extorsionan y asesinan desde el encierro suena duro, pero es real. El primer paso para resolver cualquier crisis es reconocerla, aceptarla, analizarla y combatirla.

En este punto resulta clave la trayectoria de Omar García Harfuch, un funcionario cuya formación no es improvisada ni producto de cuotas políticas. Su carrera se ha forjado dentro de las instituciones de seguridad, desde el trabajo operativo hasta la inteligencia policial, enfrentando directamente a estructuras criminales y sobreviviendo incluso a atentados que evidenciaron el calibre de los intereses que tocó. Esa experiencia es la que hoy se refleja en decisiones que rompen con la simulación: reconocer que los penales se convirtieron en centros de operación del crimen y actuar en consecuencia.

A 15 meses del arribo de la presidenta Claudia Sheinbaum al gobierno de México, la estrategia de seguridad encabezada por Harfuch ha mostrado resultados, guste o no. Pese a su juventud, su experiencia dentro de las instituciones públicas le ha permitido aterrizar acciones concretas que han minado la operatividad de algunos grupos criminales de influencia nacional.

La tarea, sin embargo, no es sencilla. Harfuch recibió un país desbordado por la inseguridad y la delincuencia, consecuencia de la deliberada inacción del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Esa política derivó, además, en una confrontación directa con Estados Unidos tras el arribo de Donald Trump a la presidencia, quien colocó a México como uno de sus principales objetivos al acusar al gobierno mexicano de proteger a los cárteles del narcotráfico, a los que responsabiliza por la muerte de miles de estadounidenses por el consumo de fentanilo.

El reto para el secretario no ha sido menor. No solo coordina al Gabinete de Seguridad, también debe lograr la efectividad de una estrategia dura cuyo objetivo es devolverle a México la paz y la seguridad perdidas, y, quizá más complejo aún, contener las presiones del gobierno estadounidense y la reiterada intención de Trump de intervenir directamente en la lucha contra el crimen organizado en territorio mexicano.

Hoy, como no se había visto en años anteriores, el titular de la Seguridad Pública Federal carga con una responsabilidad histórica: preservar no solo la seguridad de los mexicanos, sino la estabilidad política del país frente a su principal socio comercial.

El desafío es enorme. Pero en los hechos, guste o no, Omar García Harfuch ha demostrado experiencia y capacidad para contener las tempestades que México enfrenta tras seis años de pasividad, complacencia y una política de “abrazos” que fortaleció al crimen organizado bajo el amparo de la impunidad del gobierno de López Obrador.

México #GarciaHatfuch #Seguridad

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